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Luego de cinco décadas, uno pensaría que Woody Allen ya tendría la fórmula bien cuadrada para sus películas. Por otro lado, es admirable que continúe buscando nuevas formas de contar sus historias, sino fuera porque la audiencia leal que le queda es quien termina pagando las consecuencias.

Woody, puedes dirigir una película o una obra de teatro. No ambas al mismo tiempo.

Ocurriendo en Coney Island durante los 50’s, un salva vidas llamado “Mickey” (Justin Timberlake) narra su experiencia con “Ginny” (Kate Winslet), una ex actriz convertida en frustrada ama de casa, su esposo “Humpty” (Jim Belushi), quien maneja la Rueda Mecánica bajo la cual viven, y su hija “Carolina” (Juno Temple). Quien reaparece en sus vidas huyendo de su esposo mafioso.

La mejor forma de describir Wonder Wheel seria “Woody Allen tratando de ser Tennessee Williams”. Heroínas trágicas, malas decisiones, arrepentimientos tardíos, vidas aborrecidas, traiciones, intrigas; los ingredientes están completos, el problema es el cocinero.

Con la excepción de Timberlake trabajando como si fuera una participación en SNL, el elenco eleva la producción a nivel tolerable durante la mayor parte del tiempo. Pero Allen no parece querer que la audiencia tome el lado de nadie, prefiriendo que todos nos caigan tan mal como posible, lo que logra sin problemas. El resultado es que a mitad de filme me dejó de importar el destino final de cualquiera. Ninguno merecía salir bien.

El juego de luces y ángulos de cámara con el que Allen trata de imitar la experiencia de ver la acción como si estuviera ocurriendo en un escenario de teatro termina distrayendo más que maravillando aunque los diseños de vestuario y producción merecen un sólido reconocimiento pues consigue trasladarnos a esa idealizada época de la cultura estadounidense.

Precisamente es lo que redime Wonder Wheel hasta cierto punto. La década de los 50’s es considerada por muchos de cierto pensar político como el punto máximo del sueño americano. Mientras otros creativos han desvelado la realidad (la segregación racial, la persecución política, la paranoia contra el comunismo, el miedo a la guerra nuclear), Allen nos lleva a una más intima. Para los efectos, “Ginny” y “Humpty” son el matrimonio perfecto; hombre que trae el pan, mujer que cuida la casa. Woody nos muestra el conflicto interno tanto como pareja como individual.

Kate Winslet trabaja tan bien con lo que el guion le da, que por momentos pensé que Allen intentó todo lo posible hacerla quedar mal llevando a “Ginny” de una terrible decisión a otra, cayendo al nivel de incredibilidad. Al final sufre la producción entera, sin olvidar la audiencia que probablemente termine deseando que esta rueda se apague por completo.

Crítica de Wonder Wheel: Apaga y vamonos
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