¿Cómo ha afectado el internet nuestras relaciones interpersonales? Esta es una de las preguntas que el cineasta canadiense Jason Reitman (Juno, Up in the Air) intenta contestar en su más reciente drama, “Men, Women and Children”, filme que tuvo su estreno mundial el pasado sábado, 6 de septiembre en el Festival Internacional de Cine de Toronto.

La cinta gira alrededor de un grupo de adolescentes y sus padres, mientras intentan navegar las diferentes maneras en que el internet ha cambiado su manera de comunicarse, su autoimagen y sus vidas amorosas. Reitman explora, entre otras cosas que componen este denso filme, cómo hemos descuidado nuestra comunicación y confianza con las personas cercanas a nosotros. Para el director, el internet se ha convertido en el principal medio de información, interacción y hasta en nuestro primer consejero. En otras palabras, es la principal solución a nuestros problemas, y el causante de muchos otros.

Jennifer Garner personifica a Patricia Beltmeyer, una madre sobreprotectora a niveles absurdos que podría interpretarse casi como una sátira del padre extra cauteloso que utiliza métodos extremos para asegurar el “bienestar” de sus hijos, y que eventualmente reconoce que hace más daño que bien. Patricia conoce todas las contraseñas de su hija Brandy, interpretada por Kaitlyn Dever. También ha instalado programas en su computadora que le permiten acceder a cada una de las pulsaciones del teclado, mensajes privados de redes sociales y hasta puede leer y borrar mensajes de texto.

En medio de todas esas restricciones, Brandy intenta mantener una relación en secreto con Tim (Ansel Elgort), un joven futbolista que forcejea con la presión de tener que continuar en el equipo de fútbol para complacer a otros, lidiar con la partida de su madre para estar con otro hombre y su adicción a los juegos de video en línea. Dever y Elgort lideran un gran elenco que cuenta con veteranos como Adam Sandler y Jennifer Garner. Son estos jóvenes actores y sus honestas actuaciones lo que ayudan a que Men, Women & Children no se vaya por la borda cuando Reitman decide acoger las mismas creencias que parecía criticar en el personaje de Patricia.

Rápidamente, la película se convierte en un sermón sobre lo dañino que puede ser el internet, sin tan siquiera explorar las diferentes maneras en que puede ser una gran herramienta para ayudar a los demás. No existe balance en el libreto de Reitman y Erin Cressida Wilson, que sirve como prueba de la teoría de Murphy. Todo lo que puede salir mal en esta película, sale mal. ¿El culpable? Sí, el internet.

Con Men, Women & Children, es evidente que Reitman no puede dejar a un lado sus ideas conservadoras. Desde su primer largometraje, Thank You For Smoking, el director y guionista se ha mantenido constante al introducir sus evidentes creencias en sus historias. En ocasiones lo hace de una manera más sutil, como la manera en que trabajó el tema del aborto en Juno, pero en otras es casi imposible dejarlo pasar por alto. Su última película, Labor Day, giraba en torno a una mujer que, antes que estar sola, decide meter a un criminal a su casa.

Men, Women & Children presenta el internet como un mal que nos atrasa como sociedad al empeorar nuestros problemas. Para probar su teoría, Reitman nos deja saber que no solo leyó el libro de Chad Kultgen en que está basada la película, sino que también hizo su propia investigación. La evidencia llega en forma de referencias a cargo de Patricia (Garner) sobre acontecimientos donde el internet ha sido protagonista de alguna tragedia.

Aunque cuenta con su elenco más grande con el que haya trabajado, da la impresión de que el rol fue a quién primero lo solicitó, con excepción de Jennifer Garner, a quien coloca – o más bien encasilla – en un rol que el mismo director ha descrito como Vanessa Loring de “Juno” varios años después. Adam Sandler es Don Truby, un hombre que tras los rechazos de su esposa Rachel, una sólida Rosemarie DeWitt, decide buscar una solución en la web. Sandler, en las pocas escenas que tiene, tiene tan poca presencia que es casi invisible.

La película tiene sus aciertos, la mayoría en actuaciones y un tono satírico que viene y va hasta que desaparece por completo. Cuando lo hace, se convierte en un sermón que no aporta ideas nuevas, sino que recicla las que ya estamos cansados de escuchar.