Por Norma Liz Rodríguez  (@maliz_ia)

Hay filmes que no importa la fecha en que fueron estrenados, siguen tan vigentes como el primer día. Una de esas películas que nos hacen olvidar el tiempo, aún con su fotografía en blanco y negro, es Anatomy of a Murder, realizada en 1959 por Otto Preminger y protagonizada por James Stewart (Vertigo, It’s a Wonderful Life, Rear Window). La película, mayormente catalogada como un “courtroom drama”, nos trae la historia del teniente Frederick Manion (Ben Gazzara), un hombre que asesina a otro luego de que su esposa Laura (Lee Remick) le confesara que este la violó y la golpeó. Es aquí cuando Laura contrata como defensor de su esposo a Paul Biegler (James Stewart), un abogado que tenía abandonada su profesión y se dedicaba mayormente a pescar.

Lo interesante de esta historia no radica en saber si Manion asesinó a Barney Quill, el hombre que abusó de su esposa, él lo confiesa, pero reside en si el jurado creerá que Manion lo hizo en un momento de locura temporal o no. Manion se declara “no culpable” de asesinato en primer grado.

Desde el comienzo, Anatomy of a Murder demuestra cuan adelantada a su tiempo es. La secuencia de los créditos iniciales, realizada por uno de los vanguardistas de la creación de créditos para filmes, Saul Blass, es increíble y ha sido de inspiración para películas como Catch Me if You Can (2002), Kiss Kiss Bang Bang (2005), y Monsters, Inc. (2005), entre otros secuencias y arte.  La animación, música, y edición de esta secuencia de créditos se aleja de la típica y básica introducción de los actores y creativos principales de los filmes del momento y nos muestra claramente la dinámica del filme que le seguirá.

El guión de Anatomy of a Murder es sumamente inteligente, pues nos mantiene al borde de nuestros asientos no sólo por la curiosidad de saber qué pasará con Manion pero también haciéndonos dudar de la palabra de cada uno de los personajes de la cinta. Desde un principio se cuestiona la moral de Biegler, quien le pide a su cliente que piense claramente que argumento utilizará para convencer al jurado de que el no cometió un asesinato premeditado contra Quill. Cuando Manion argumenta que estaba molesto porque Quill abusó de su esposa, Biegler le responde que el mal genio no es suficiente para librarlo de la cárcel. Manion responde, en uno de los mejores momentos del filme, “I must have been crazy,” a lo que Biegler dice, “Well, Lieutenant, in the meantime see if you can remember how crazy you were.” Desde este momento Anatomy of a Murder nos mantiene, tanto a la audiencia como al jurado, descifrando los verdaderos motivos de Manion para cometer el asesinato.

Anatomy of a Murder no es una cinta perfecta pero si es uno de los mejores “courtroom dramas” que ha producido Hollywood. Es convincente, vanguardista, en el uso de los créditos y también en el lenguaje. Algunos términos que hoy en día nos parecen completamente normal, alusivos a contacto sexual, y violación, no habían sido utilizados previamente. Es un filme que nos pone a pensar, en algunos momentos reír, y nos entretiene. Son estas, entre otras,  algunas de las razones por las que Anatomy of a Murder es y continuará siendo un gran clásico del cine estadounidense.