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¿Cuán sumergidos estamos en la tecnología?¿Cuán desconectados estamos del mundo que nos rodea, de nuestro potencial y sentimientos? El director, guionista y productor estadounidenseSpike Jonze se propone contestar estas preguntas —o simplemente exponerlas— en su más reciente propuesta, el peculiar relato de amor Her.

Jonze ambienta la película en un futurístico Los Ángeles, pero este no es el futuro al que nos tienen acostumbrados las películas de ciencia ficción, en que los automóviles vuelan, robots inteligentes se encargan de las tareas domésticas —a las que eventualmente renuncian para dominar a la humanidad —y las armas de fuego disparan rayos láser. Jonze abandona esa visión del futuro y desarrolla su historia en un futuro con el que nos podemos identificar, uno pincelado por detalles sutiles como la vestimenta, los empleos y la tecnología que utilizamos a diario.

El actor estadounidense Joaquin Phoenix interpreta a Theodore Twombly, un hombre solitario y melancólico en una constante pelea para deshacerse de todo lo que le impide superar la reciente separación de su esposa Catherine, en su mayor parte, de recuerdos. La única interacción legítima de Theodore con otro ser humano es con su mejor amiga, Amy, interpretada por la siempre excelente y adorable Amy Adams. Aparte de la relación con su amiga y las cortas conversaciones que tiene Theodore con sus compañeros de trabajo —las que se limitan a elogiar las hermosas palabras del protagonista— Theodore no interactúa con más nadie. Theodore se desempeña como redactor de cartas escritas a mano para personas que no pueden expresar lo que sienten, sea por que les falta el tiempo o porque carecen de inspiración.

Paralelos a Theodore caminan el resto de las personas de Los Ángeles, quienes parecen hablar solas. Rápido se nos revela que el receptor de esas conversaciones es un sistema operativo de inteligencia artificial diseñado para facilitarnos las acciones del diario vivir como leer, contestar correos electrónico y enterarse de lo que acontece en el resto del mundo. Son estos pequeños detalles los que nos dejan saber que se trata de un futuro bastante cercano, posible y creíble por la naturalidad con la que se trabajan en la película.

Una tarde después del trabajo, Theodore adquiere el primer sistema operativo con inteligencia artificial. Aquí es donde entra Samantha, con la reconfortante voz de Scarlett Johansson. Confeccionada para satisfacer cualquiera de las necesidades del protagonista, Samantha se familiariza rápidamente con su trabajo, pasado y las inseguridades que resultaron de la ruptura del matrimonio de Theodore con su ex esposa Catherine, encarnada por Rooney Mara, quien con su sonrisa encantadora nos recuerda por qué nos encanta verla en la pantalla grande. Mara completa un elenco excepcional, responsable en gran parte de la naturalidad con la que fluye esta original historia de amor.

Una relación poco familiar comienza a evolucionar ante nosotros, pero es gracias a la excelente labor del guionista y su elenco que nos sumergimos en una historia que explorada de una manera diferente pudo haber resultado absurda y hasta cómica. Samantha es tan real para nosotros como lo es para Theodore, y aceptamos, sin cuestionar en lo absoluto, que lo que estamos viendo es real. Su relación se desarrolla como cualquier otra. Con Samantha, Theodore re-descubre el amor y su gran potencial para amar tras haberlo perdido por culpa de una decepción amorosa. Desafortunadamente, esto implica que también encontrarán la desilusión en el camino, y cuando llega ese momento, es tan natural como en nuestras vidas.

Jonze mantiene el guion fresco, tomando direcciones impredecibles y evitando el camino común, aunque en ocasiones parezca coquetear con la idea de irse por el lado seguro, en busca de complacer a un público en espera del melodrama. Her crea su propio camino y el resultado es algo completamente diferente a lo que imaginaste antes de verla. Desde cines hoy jueves 30 de enero, Her es una alentadora y real historia sobre amor, aislamiento y reconexión, aunque en su exterior no lo parezca.