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Por Orlando Maldonado

Cada nuevo proyecto del director Christopher Nolan ha sido más ambicioso que el anterior, y su nuevo filme de ciencia ficción, Interstellar, no es la excepción. El aclamado director británico usualmente trabaja temas que desafían la mente de la audiencia más que muchos directores trabajando hoy día. Por eso, aún cuando es indiscutible que sus filmes más ambiciosos poseen fallas en la ejecución, Nolan se ha convertido en un director casi intocable. Interstellar, que estrena el 26 de noviembre en las salas de cine de Puerto Rico, es otro ejemplo de grandes ideas, que, acompañadas de algunos de los visuales más impresionantes que verás en el cine, alcanzan niveles satisfactorios de la misma manera que decepcionantes.

El planeta Tierra ya no es uno habitable en Interstellar, o al menos está a punto de dejar serlo. La generación de Murphy (Mackenzie Foy) -hija del protagonista-, explica el profesor Brand (Michael Caine), será la última que sobreviva en un planeta que espera su muerte. El maíz, mientras el clima lo permita, es el único alimento que se puede cultivar, por lo que la educación en las escuelas se ha enfocado en forjar una generación de agricultores con la esperanza de prolongar la vida en la Tierra. Mientras, la pasada generación está compuesta por profesionales que nunca tuvieron la oportunidad de desempeñarse en sus campos.

Cooper, interpretado por Matthew McConaughey, es un ex-piloto de la NASA que rechaza esta idea de tirar los guantes y aceptar la derrota. Por eso, cuando toca a su puerta la oportunidad de salvar el mundo en en la misión espacial más importante en la historia de la humanidad, Cooper no pierde mucho tiempo meditando. Después de todo, la única razón para quedarse en la Tierra, sus hijos, es a la vez su motivación más grande para intentarlo.

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Interstellar propone ideas enormes y tal vez muy complicadas para el público general. De hecho, un poco de investigación sobre agujeros de gusano, viaje en el tiempo y la teoría de la relatividad habría facilitado la comprensión del filme, especialmente llegando acercándose al final de la película. El libreto de Jonathan y Christopher Nolan, el cual fue revisado por el físico teórico Kip Thorne, intenta mantener el aspecto científico del filme lo más simple posible, triunfando hasta el tercer acto de la película, compuesto de 30 confusos minutos que para unos serán innovadores, mientras que para otros serán simple y sencillamente incomprensibles.

Por otra parte, el filme viene enmarcado por una historia mucho más íntima; el poder infinito del amor, especialmente el amor de un padre. La relación entre Cooper y su hija Murph proveen los momentos más melancólicos del filme, unos genuinos y otros que se sienten demasiado forzados y manipuladores. Una secuencia en que la exploradora Amelia Brand (Anne Hathaway) y Cooper revisan años de mensajes por parte de sus familiares sobresale como la más lacrimógena del filme y a la vez, uno de los momentos menos genuinos.

Lo más decepcionante es que el origen de la escena funciona como uno de los momentos más reales y emocionantes del filme, pero es inmediatamente opacado por la insistencia de los hermanos Nolan de hacerte sentir el desespero de Cooper y su tripulación tripulación, compuesta por Brand, otros dos exploradores personificados por Wes Bentley y David Gyasi y un robot llamado TARS que trabaja como homenaje al icónico HAL 9000 de 2001: A Space Odyssey, filme de que Nolan toma prestado, pero lo mismo se puede decir de todos los filmes de ciencia ficción post 1968.

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Cuando no está tratando de conmovernos con sentimentalismo, Interstellar se enfoca en el aspecto visual y técnico, y es aquí donde el filme emprende vuelo y adquiere una personalidad propia. La impresión que dejó Gravity el año pasado queda aplastada ante la magnitud de Interstellar, que nunca para de impresionar visualmente, aún en momentos en que el guión parece perderse en el espacio. Curiosamente, Nolan decide mantenerse dentro del transbordador más tiempo de lo que uno esperaría de un filme cuyos visuales son su mayor triunfo, tanto en el espacio o en los planetas que explora el grupo de astronautas. La película es un despliegue de efectos prácticos que reafirman que todavía existe la magia del cine.

Del grupo sobresalen McConaughey y Hathaway con actuaciones convincentes como dos astronautas guiados por el amor, uno de los temas más poderosos del filme. Jessica Chastain, como la versión adulta de Murphy, es víctima de un guión que la abandona constantemente en favor de los otros dos personajes, por lo que su desarrollo y eventual revelación como clave importante de la trama se sienten ligeros y poco efectivos.

Comparado con otros proyectos de similar escala, Interstellar es un claro y definitivo ganador, pues aún en sus momentos en que amenaza con desmoronarse, nunca deja de reinventarse y asombrar con visuales que merecen ser vistos en la pantalla grande.