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Por Orlando Maldonado (@omaldonado2)

La más reciente propuesta del cineasta ganador del Óscar, Clint Eastwood, no es la gran obra que pudo haber sido, pero tampoco es una completa pérdida de tu tiempo y dinero. Jersey Boys, basada en la aclamada obra de Broadway, amenaza constantemente con desmoronarse. Sin embargo, la película logra mantener su forma durante dos horas y catorce minutos, aún cuando se se pasea muy cerca del melodrama, pero no el tipo de melodrama del que Douglas Sirk estaría orgulloso.

La película se desarrolla principalmente en Nueva Jersey en los años sesenta y narra la historia de la exitosa banda de rock, The Four Seasons, liderada por Frankie Valli, personificado en la película por John Lloyd Young, quien también dio vida a Valli en la obra teatral. El resto del grupo, con excepción del actor Vincent Piazza, también hacen la transición al cine, pero solo uno de ellos logra brillar frente a la cámara, y no se trata de Young. Es el mismo Piazza quien se roba el show en Jersey Boys con su interpretación del problemático Tommy DeVito, un joven músico que a pesar de su éxito, nunca logra dejar atrás la vida que llevaba antes de ser una estrella. El resto del grupo lo componen Erich Bergen y Michael Lomenda, quienes ya habían interpretado al tecladista y compositor Bob Gaudio y el bajista Nick Massi.

El gran problema de Jersey Boys es que la historia que quiere contar no es una muy diferente a la de otros artistas que también vencieron todos los obstáculos que se les presentaron en la ruta al estrellato. El crimen, las drogas, la tragedia, la familia que se siente abandonada y el amor están todos presentes en esta adaptación, que rara vez ofrece algo refrescante. Además, la cinta explora estos temas con una banalidad que resulta frustrante, en gran parte porque cuando por fin salen a flote, llegan de sorpresa, sin  ningún tipo de introducción previa.

JERSEY BOYS

Para mover la historia y honrar la fuente original, Eastwood decide contar la historia utilizando cuatro voces y nos convierte en testigos de la perspectiva de cada uno de los cuatro miembros de la banda en diferentes puntos de su carrera musical, tanto en los momento de gloria como en sus períodos más oscuros. En un intento de darle un giro refrescante, el director y sus guionistas decidieron romper con lo que en el cine y el teatro se conoce como la cuarta pared, pero además de proveer un estilo diferente, no existe otra justificación para la implementación de este estilo, el cual pasa de confuso a interesante hasta que finalmente solo es incómodo y te saca de la película.

Afortunadamente, el punto más fuerte de la película es la música, parte esencial de este tipo de películas. Cada vez que Young entona una de tantos éxitos como “Sherry”, “Big Girls Don’t Cry” y “Can’t Take My Eyes Off You”, es como si Valli nos invitara a cantar con él. Es una pena que su actuación nunca logre estar a la par con su otro gran talento; su voz. Sin embargo, Young no tiene nada que probar. Su interpretación de Frankie Valli en Broadway le consiguió un Premio Tony al mejor actor principal en un musical, y aunque aquí nunca logra brillar como uno espera, una vez se trepa a la tarima, no podrás quitarle los ojos de encima.