Estrellas

Por Orlando Maldonado (@omaldonado2)

El bombardeo de adaptaciones cinematográficas de literatura juvenil que presentan un futuro distópico no parece que vaya a terminar pronto. Afortunadamente, la más reciente adaptación de este género literario es un respiro de aire fresco. Lejos de ser un filme trascendental pero muy efectivo en lo que quiere hacer, The Maze Runner es lo más cerca a una satisfactoria adaptación de YA desde The Hunger Games en el 2012. Este nuevo relato de una sociedad distópico es entretenido y hasta inteligente. Uno de los halagos más grandes que tengo para el inicio de esta nueva franquicia es que es la más que se acerca a la calidad de The Hunger Games, la indiscutible ganadora de todas las adaptaciones que han llegado post Harry Potter.

The Maze Runner es el primero libro en la trilogía del autor James Dashner, cuya historia alrededor de Thomas, un joven que despierta en un viejo elevador sin memoria de quién es. Rápidamente, Thomas descubre que ha sido colocado en el centro de un complejo laberinto junto a otros chicos que también buscan como salir del laberinto siempre cambiante, mientras intentan establecer una sociedad funcional en el recinto que ahora llaman “El Área”.

The Maze Runner se siente enorme, y si destaco esta característica es porque con un presupuesto de solo $34 millones de dólares, The Maze Runner se siente tan grande como un estreno de verano. Durante la mayor parte de su duración, la película se concentra en una sola trama fácil de seguir. Thomas (Dylan O’Brien), un joven que ha perdido su memoria pero con evidentes características de liderazgo, embarca en una búsqueda de respuestas que lo ayuden a entender más el lugar que ahora es su hogar y quién los puso ahí. Nosotros, al igual que el protagonista, queremos respuestas.

La intrigante historia viene complementada por el trabajo convincente de un elenco que trabaja con la atmósfera que creó el director Wes Ball para dar vida a una comunidad que no solo se siente real, pero tampoco necesita flashbacks o líneas de diálogo para convencernos de que ha existido por años. Resaltan Dylan O’Brien, Blake Cooper y Will Poulter como uno de los líderes de la comunidad que se siente amenazado tras la llegada de Thomas. El director, además, reserva los efectos de CGI para las escenas claves de acción dentro del impresionante laberinto, evitando saturar el filme con efectos que le arrebaten de su humanidad. Escenas donde los Corredores exploran el laberinto y son acechados por los aterradores Penitentes son tan efectivas que te dejan sin aliento.

El gran problema de la película es, que al tratarse de una pieza de un rompecabezas mucho más grande, son pocas las preguntas que llega a contestar. De esto se beneficiarán las inevitables secuelas, pero si vas a la película esperando respuestas, saldrás decepcionado. La película se siente como un episodio de LOST de principio a fin. Arranca muy prometedora, y al final, cuando esperas salir de toda duda, terminas más confundido que antes. No solo por la nuevas interrogantes que surgen durante los últimos diez minutos de la película, sino también por la extraña decisión de alargarla con una secuencia tan cursi que casi la arruina.

Con todo y sus pequeños defectos y un final fatídico, The Maze Runner se posiciona fácilmente por encima de todas las adaptaciones de literatura juvenil que han estrenado desde The Hunger Games, y mentiría si niego que anticipo con ansias la continuación de la historia el próximo año.