Por Orlando Maldonado en colaboración con Dieta Cinéfila.

Hace cuatro años atrás, el director de cine y productor de televisión J.J. Abrams logró algo que me atrevo a asegurar no pasó por la mente de algún trekkie; reiniciar una de las franquicias de ciencia ficción más ponderadas de la historia, no tan sólo con un masivo éxito taquillero, sino que también logró confeccionar una película que sobrepasó, en abundantes términos, la mayoría de las películas que componen la monumental franquicia. Abrams habría reinventado la serie, y en su paso, se llevó consigo a muchos que durante décadas de rivalidad habían ocupado un lugar en el lado oscuro con Star Wars. Curiosamente, el director estadounidense y creador de LOST, tendrá la oportunidad de repetir la historia con el gran rival que representa la saga de Star Wars.

Con el reinicio o reimaginación de Star Trek, como prefieran llamarlo, Abrams dejó evidenciado que es un maestro de la ciencia ficción y la acción. Pero una de las más agradables destrezas del ahora aclamado director es la habilidad de reposar toda responsabilidad sobre el elenco y permitirles que carguen el filme, creando cierto balance entre lo que evidentemente es trabajo del director y lo que es puro talento actoral. En este aspecto, los principales Chris Pine y Zachary Quinto resaltan entre un elenco confeccionado casi a la perfección, y se repite en la secuela, una de las películas más anticipadas del año.

En Star Trek Into Darkness no hace falta introducción de personajes como en la primera, por lo que Abrams nos deposita en medio de la acción y es evidente, durante los primeros diez minutos, que el director comenzó donde mismo terminó la última vez que vimos a los personajes. La acción rápida y emocionante, al igual que los diálogos ingeniosos están de vuelta en Into Darkness. La relación entre Pine y Quinto es tan natural como en la primera, sin embargo, en la secuela alcanza niveles de profundidad que transportan a la audiencia, si está familiarizada, a los viajes originales del Capitán Kirk y Spock. El desempeño de este dúo es uno de los grandes triunfos de tanto esta película como la anterior, y debe ser la constante que mantendrá a la serie en el camino del éxito.

El nuevo villano, interpretado sólida y misteriosamente por el británico Benedict Cumberbatch, obliga a el Capitán y la tripulación del Enterprise a embarcar en una misión que culminaría en su eliminación. Es en este momento que el guión comienza a sufrir, específicamente en cada rumbo desafortunado que toma la narrativa, donde decisiones poco realistas y giros poco genuinos amenazan en convertir a Star Trek Into Darkness en una secuela mediocre. Tanto Lindelof como los otros dos guionistas se convierten en los villanos principales de la aventura, proveyendo ellos mismos la única referencia al título de la secuela.

Afortunadamente, Abrams y el elenco logran salvar el Enterprise de lo que parecía ser una caída estrepitosa. Los visuales fantásticos, el desempeño excepcional del elenco y la descomunal banda sonora de Michael Giacchino, principal compositor de Abrams, hacen de Star Trek Into Darkness una sensacional aventura, capaz de cubrir las heridas infligidas por un guión tonto, producto de la incompetencia de sus tres creadores.. Añade a la fórmula las recurrentes referencias y homenajes a las pasadas aventuras del Enterprise y el resultado será un sinnúmero de Trekkies complacidos y una sólida película de verano.