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Este verano llega a su fin la trilogía que vio sus inicios hace cuatro años con The Hangover, una gran sorpresa del género de la comedia y una de las series más exitosas en la historia del cine cómico. El éxito de la primera fue, en gran parte, a una historia que en el momento se sintió fresca y genuina. Desafortunadamente, ese toque genuino no estuvo presente en la secuela dos años más tarde. De hecho, la segunda parte se siente más como un remake por el recurrente reciclaje de material, que en lugar de aportar al aspecto nostálgico, denota la holgazanería de los guionistas.

 Phillips y el auto denominado wolf pack regresan con miras a dar un final apropiado a su historia con The Hangover Part III. En esta ocasión, “Phil” (Cooper), “Stu” (Helms) y “Doug” (Bartha) se ofrecen para llevar a “Alan” (Galifianakis) a un centro de rehabilitación tras la repentina muerte de su padre. Durante el viaje de tres horas en automóvil, el grupo es sorprendido por un mafioso que tiene asuntos pendientes con “Mr. Chow” (Jeong), quien fuerza al grupo a ir tras su pista. Como es costumbre, el grupo enfrenta situaciones inusuales en el proceso.

 ¿Logra el final de la trilogía evitar los tropezones que hizo de la secuela una gran decepción? No del todo, sin embargo, evita inteligentemente la idea de la resaca que se utilizó en las primeras dos como punto de partida. Desafortunadamente, Part III vuelve a caer en su propia trampa y recicla demasiado material con el propósito de estimular carcajadas por medio de la alusión. No es que las referencias nunca funcionen, pues en muchas de las ocasiones que se recurre a ellas, cumplen con su propósito. El problema es que la historia se recuesta de ellas y no trae a la mesa momentos genuinos que certifiquen un verdadero esfuerzo de hacer algo auténtico.

 Como si fuera poco, el guión recurre a chistes que involucran maltrato animal tantas veces que resulta preocupante. Desde decapitar jirafas hasta partir el cuello de dos perros guardianes, la película cumple con la cuota de maltrato animal al menos cada media hora.

 El elenco, por su parte, hace un estupendo trabajo con el material que les fue provisto. Como mencioné anteriormente, las fallas de The Hangover Part III son casi las mismas que las de la primera secuela, y están todas en el guión. Al menos se puede decir que los personajes siguen ahí y verlos lidiar con los obstáculos que provee el guión siempre es divertido, pero, ¿cuántas veces podemos ver a alguien ser víctima de un animal salvaje sin caer en lo trillado? ¿cuántas veces pueden los personajes recurrir a las mismas medidas para resolver el conflicto antes de que aburran al público?

 Sí, la tercera es diferente en varios aspectos, incluyendo el conflicto principal. Desde la primera secuela muchos insistimos en que desviarse del tema de la resaca era lo que necesitaba la serie. Aunque se aprecia el intento de hacer algo diferente, es evidente que al director y los guionistas no trabajaron toda la serie filmográfica con el mismo entusiasmo o pasión que la primera cinta. Con The Hangover, había algo que contar, mientras que las secuelas se sienten vacías y sin un propósito que no sea exprimir un título exitoso.

Mentiría si digo que The Hangover Part III no me hizo reír en varias ocasiones. Las risas están garantizadas aún cuando la historia raya en lo absurdo más de lo que nos tienen acostumbrados. Es el elenco, en especial el dúo de Ken Jeong y Zach Galifianakis, lo que logra mantener con vida la franquicia. Esto, y el hecho de que sin importar la calidad del filme, el mismo siempre logra recaudar más dinero que cualquier otra comedia. Al buen desempeño del elenco le añades una secuencia a mitad de créditos que por sí sola causa más carcajadas que el resto de la película y el resultado es un final que al menos cumple con el propósito de hacer reír, aún cuando la magia que hizo de la primera algo especial ha desaparecido casi por completo.