Danny Boyle es, sin duda alguna, uno de los directores más consistentes de hoy día. Desde Trainspotting, filme que lo colocó en el radar de cinéfilos en el 1996, el director británico ha logrado mantener un puesto entre los cienastas mejor cotizados, alzándose con un sinnúmero de reconocimientos entre los que figura un Oscar por su trabajo como director en el drama Slumdog Millionaire y una reciente nominación por el filme de drama y suspenso 127 Hours.

Tras casi tres años de ausencia en el cine, Boyle regresa a la pantalla grande con Trance, un thriller protagonizado por James McAvoy (Atonement), Rosario Dawson (Sin City) y Vincent Cassel (Black Swan).

La cinta, cuyo guión fue desarrollado por John Hodge (Trainspotting) y Joe Ahearne, cuenta como Simon (McAvoy), un subastador de arte asociado con un grupo de criminales con quienes intenta robar una valiosa pintura, pierde la memoria tras sufrir un golpe durante el atraco, olvidando donde colocó la obra “Vuelo de Brujas” de Francisco de Goya, pintura valorada en $30 millones de dólares. Es entonces cuando Simon y Franck (Cassel) deciden buscar la ayuda de una hipnoterapeuta para localizar la pintura extraviada, abriendo espacio para un relato lleno de codicia, traición, violencia y erotismo.

Trance llega en un momento crítico del año para el cine, pues los primeros meses del años suelen estar plagados de títulos débiles, cuyo propósito es rellenar los meses antes del verano, cuando empiezan a estrenar los proyectos destinados a adueñarse de la taquilla.

Es seguro expresar que Trance no es el mejor trabajo de Danny Boyle, pero tampoco sería justo decir que no funciona, pues sería negarle crédito a un geniuno intento de presentar una historia compleja e inteligente en un momento en el que la taquilla es dominada por “remakes” y adaptaciones literarias cuyo único propósito es recaudar dinero.

Entre lo que sobresale del filme se destacan las actuaciones, tan buenas como para sumergirte en una historia con muchas capas que en ocasiones es víctima de su propia ambición. Rosario Dawson ofrece lo que debe ser la actuación de su aún joven carrera como la hipnoterapeuta de Simon, quien rápidamente se encuentra involucrada en la búsqueda de la pintura por razones que durante la mayor parte de la película no son claras.

La mayor parte del filme se desarrolla dentro de la mente del protagonista, mientras Elizabeth (Dawson), practica hipnosis en él para ayudarlo a recordar donde se encuentra la pintura extraviada. Es dentro de estas recreaciones donde el espectador descubre detalles del incidente que lo harán desconfiar de cada uno de los personajes.

La atmósfera del filme se asemeja a la de Trainspotting, filme en el que los personajes – dirigidos por sus vicios y necesidades – son una caja de sorpresas. Es casi imposible predecir las decisiones de los personajes o conocer la razón detrás de una decisión. Este es el juego que Danny Boyle quiere que juguemos con él. Es nuestro deber, como audiencia, ir montando el rompecabezas con las piezas que la narrativa nos provee.

Aunque no se acerque a la calidad de sus mejores trabajos, Trance es una buena película confeccionada por uno de los mejores cineastas contemporáneos y un elenco de alta calidad.