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El subgénero de los zombies en el cine es uno de los más saturados de las últimas décadas, no necesariamente porque se trabajan muchos títulos en poco tiempo, sino porque los que sí ven la luz del día no ofrecen algo nuevo y refrescante a un tema que trae limitaciones parecidas a las del “slasher film” que tanto nos gusta ir a ver. Como en todo género o subgénero del cine, por más saturado que esté, siempre existirán títulos que sobresalen entre la demasía, como lo han hecho películas como Shaun of the Dead y Zombieland, para nombrar algunos de los más reciente. Lo que estos dos trabajos tienen en común es que ambos exploran el tema a través de la parodia. Cualquier otro acercamiento al tema de los zombies en los últimos años ha carecido de ese detalle que lo convierta en algo especial y digno de admiración.

Con esto en mente, es casi innecesario expresar que las expectativas para World War Z, la más reciente película que trabaja el apocalipsis zombie, estaban por el piso como medida de precaución. Ni siquiera el nombre de Marc Foster, director de cintas aclamadas como The Kite Runner, Stranger than Ficton y Monster’s Ball, era atractivo suficiente para alguien que preferiría no tener que pasar por la experiencia de otra película de zombies cuyo destino es formar parte de una lista de intentos fallidos. Además de esto, los problemas que atravesó la cinta en post-producción, incluyendo la reescritura y rodaje del tercer acto, no eran nada alentadores.

Protagonizada por Brad Pitt, World War Z toma prestados el título y algunos detalles de la novela de Max Brooks y desarrolla, alrededor de los mismos, lo que en su exterior parece ser la típica historia de guerra y el héroe triunfador. El virus mortal se ha esparcido por todo el mundo y el futuro de la humanidad está en manos de Gerry Lane (Pitt), un ex-empleado de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), quien emprende en la búsqueda de posibles pistas que faciliten el estudio del virus y adelante la creación de una cura.

Afortunadamente, lo que a simple vista se puede confundir como una receta para el desastre, resulta ser una de las más agradables sorpresas de este verano. Marc Foster y los tres guionistas (Matthew Carnahan, Drew Goddard y Damon Lindelof) aprovecharon el presupuesto masivo de la película y confeccionaron una película de verano que mantiene al espectador al borde del asiento por dos horas. World War Z es, con toda probabilidad, la película de zombies más grande que has visto. Si en algo acierta la película es en mantener al espectador entretenido con escenas de acción que revelan a dónde fue a parar todo el presupuesto, y un protagonista que, aunque no tiene nada que probar a estas alturas, carga eficientemente la película.

Donde la película no funciona es en los repentinos cambios en el guión, el cual coquetea con ideas que pudieron haber llevado el filme por un camino diferente y aún más refrescante, sólo para soltarlas abruptamente y recorrer el camino fácil y predecible. Estas fallas, sin embargo, no arruinan la película completamente y resultan fáciles de olvidar si lo que se busca es un buen rato en el cine a manos de buena acción y suspenso, algo que World War Z posee en abundancia.