Robert McCall no puede huir del peligro en The Equalizer, remake se la serie de TV a cargo del director Antoine Fuqua que funciona casi como una película de un superhéroe fuera de esos universos de Marvel y DC Cómics. McCall, interpretado por Denzel Washington en su segunda colaboración con el director de Training Day, parece ser un hombre común y corriente, solitario, con un trabajo sencillo en una tienda de productos de mejoras al hogar. Sin embargo, tras intervenir en un caso de violencia contra una menor de edad llamada Teri (Chloë Grace Moretz) controlada por la mafia rusa, es evidente que Robert McCall esconde un pasado misterioso.

Luego de varios incidentes que se sienten forzados para mover la historia, McCall se convierte en una especie de vigilante de la ciudad de Boston. Utilizando las habilidades que hasta ahora fueron un secreto, McCall se dedica a vengar actos de brutalidad contra personas indefensas. El problema es que al querer ayudar, se mete con quien no debía meterse. Ahora que está en la mira de los gángsters rusos más despiadados, Robert deberá regresar a la vida que había dejado atrás para acabar de una vez con la corrupción que poco a poco destruye su ciudad.

¿Por qué lo hace? ¿Por qué abandonar su nuevo estilo de vida por aquel del que huyó anteriormente? Este es un hombre que no puede quedarse de brazos cruzados sabiendo que puede hacer algo. No se trata de satisfacción personal, mucho menos de hacer bien esperando algo a cambio. Robert McCall está entrenado, o más bien se siente obligado a ayudar a los que no pueden defenderse solos.

The Equalizer no es nada especial, pero tampoco aspira a serlo. La película funciona perfectamente como una cinta de acción que pocas veces se toma en serio, acoge todos los clichés del género y los hace suyos. Sin embargo, la película sufre del mismo problema que Lucy de Luc Besson. En ningún momento sentimos que sus protagonistas están en peligro, y es que son representados como una especie de superhéroes casi invencibles. Robert McCall sabe muy bien lo que hace y siempre está en control, al punto de restarle toda credibilidad a los villanos principales. No importa cuántas veces le pongan un cañón en la sien, sabemos que encontrará la manera de salir airoso. Aquí es que Fuqua toma el control.

Robert McCall conoce la tienda donde trabaja de una esquina a otra; desde donde se encuentran las herramientas del hogar, hasta donde se desconecta la electricidad. Cuando la acción se traslada a la tienda, la película se convierte en una especie de tributo a Kevin McCallister de Home Alone. Robert McCall es mucho más intenso que Kevin. McCall taladra cabezas y acribilla mafiosos con pistolas de clavos.

Lo que no se puede negar es que cuando llegan las escenas de acción, Fuqua te hace olvidar sus fallos con violencia “over the top”, complementada por una sólida actuación de Denzel Washington. Tampoco se puede ignorar que este Fuqua no es el mismo de Training Day, si no que se inclina mucho más al estilo que intentó con Olympus Has Fallen el año pasado, pero no necesariamente funcionó en ese momento.

Con The Equalizer, Fuqua ha encontrado tal vez una nueva voz. La película no es perfecta, ni tan siquiera se acerca a serlo, pero no puedo evitar anticipar sus próximos proyectos, especialmente si cuentan con actores del calibre Washington, quien sabe reconocer cuándo debe contenerse y cuándo simplemente debe disfrutarse cada momento en escena.