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No importa de dónde vengas, todos compartimos ese deseo de alcanzar todas nuestras metas; de convertirnos en alguien que pueda impactar mucho más allá de aquello que nos rodea. Tal vez por esa razón una sala llena de periodistas de todas partes del mundo vitorearon y aplaudieron durante los créditos de Whiplash durante su primera función en el Festival Internacional de Cine de Toronto. Tal vez haya sido por las poderosas actuaciones de los principales, Miles Teller y J.K. Simmons. Tal vez sean ambas razones. La realidad es que Chazelle ha confeccionado una película llena de energía, excelente música y una clase magistral de actuaciones por parte del veterano Simmons y Miles Teller, un joven actor que si hasta ahora no lo tenías en tu radar, deberías tenerlo ahora.

La fila kilométrica para entrar a la película era de esperarse, pues se trata del filme que se alzó con ambos honores principales del Festival de Cine de Sundance el pasado mes de enero, y no es para menos.

Simmons personifica a Terence Fletcher, un despiadado maestro de Jazz de la escuela de música más prestigiosa de los Estados Unidos. Fletcher es caracterizado por sus métodos inusuales de enseñanza, en los que emplea métodos de humillación para sacar lo mejor de sus estudiantes. Cuando el joven baterista Andrew Neyman (Teller) se gana un espacio en la banda del maestro, los crueles métodos de Fletcher comienzan a tener un efecto significativo en su vida. Esto lo llevará a preguntarse cuánto tendrá que sacrificar para lograr sus sueños y cuándo se debe dibujar una línea entre la enseñanza fuerte y los métodos que rayan en el abuso físico y psicológico, cuyas consecuencias pueden ser fatales.

Para ser el mejor se debe estar listo para sacrificarlo todo y Andrew está muy consciente de ello. De hecho, su dedicación es uno de los aspectos del filme que se mantiene lineal de principio a fin, aún cuando su cuerpo parece estar cerca de sus límites. Sus manos sangran por las interminables horas práctica dentro y fuera de la escuela y sus pocas relaciones interpersonales comienzan a verse afectadas.

El abuso físico y emocional al que es sometido Andrew podría ser suficiente para desalentar a cualquier persona con potencial de lograr algo grande en su vida. Para Fletcher, sin embargo, ese potencial nunca existió si la persona llegase a rendirse. Según él, sus humillaciones están justificadas por el hecho de que no existe algo peor que dejarle saber que hizo bien cuando en realidad pudo haber logrado mucho más. El conformismo, como lo ve él, es la razón por la que ya no existen grandes músicos como Buddy Rich. La única manera de descubrir ese potencial es sometiéndose a métodos de enseñanza extremos.

Aunque rara vez falla en libreto y dirección, la mayor parte del crédito debe ir a los actores principales, pues ellos cargan el filme de principio a fin. No es fácil interpretar a una persona tan desagradable como Terence Fletcher sin caer en el cliché del villano unidimensional que es malo y nada más. Aunque no es mucho lo que se revela de Fletcher, el alcance de Simmons le permite darle una profundidad muy necesaria al personaje, que, aunque lejos de convertirlo en un personaje agradable, nos permite entender las razones detrás de su errático comportamiento.

La película es una de esas rarezas que aunque estrenaron muy temprano en el año, cobrarán fuerza durante los festivales de otoño y darán de qué hablar durante la temporada de premiaciones. Es muy temprano para decir que es lo mejor del festival, pero me atrevo a decir que muy pocos títulos podrán superar a Whiplash.