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Hasta la llegada de “Stuber”, una comedia al estilo del “buddy comedy”, no había existido tan efectiva campaña de publicidad para Uber, popular compañía de transporte que, al igual que Dave Bautista y Kumail Nanjiani, vino para quedarse.

En el cine se pueden fingir muchas cosas. Después de todos, este es muchas veces el trabajo de los actores. Pero si algo no se puede forzar, es la química entre dos comediantes cuyo polos se han estado atrayendo desde que irrumpieron en Hollywood en sus respectivos proyectos. Dave Bautista, un realizado luchador de la WWE, tomó a todos por sorpresa en su rol de Drax en “Guardians of the Galaxy”. Su evolución en el cine de comedia lo ha traído aquí, junto al comediante Kumail Nanjiani, quien comenzó a hacer ruido en la serie “Silicon Valley” y que eventualmente se convirtió en nominado al Oscar por su guion de la película “The Big Sick”. Era solo cuestión de tiempo para que a un estudio se le ocurriera colocar a estos dos opuestos en una comedia de acción, por más repetida que suene la idea. Con suerte, un estudio encontraría manera refrescantes de hacerlo, y ese estudio fue 20th Century Fox, cuya reciente propuesta le da un giro casi irónico con la sustitución de la patrulla por el casi irónico servicio de transporte moderno. 

“Stuber”, que sigue las aventuras de un detective que, tras una operación “lasik” debe solicitar los servicios de un conductor de Uber para perseguir una pista, no está exenta de los “clichés” del subgénero. Pero si algo tiene la película a su favor, es que cuenta con la energía incomparable de sus dos protagonistas, capaces de elevar cualquier historia con su habilidad natural para la comedia. Y elevar el material se convierte una necesidad cuando en la superficie, tu película parece un descarado anuncio pagado por una marca con tanta prominencia, que hasta aparece en el título. Es gracias a una combinación bendecida por los dioses de la comedia que esta película evita ser el “Mac and Me” para una nueva generación y se convierte en una de las más llevaderas propuestas de un verano repleto de refritos y material reciclado.

Cuando los caminos de estos dos individuos se cruzan, el guion se ha tomado el tiempo de invitarnos a sus vidas, explorar sus miedos, sus fracasos, y sobre todo, sus mayores sacrificios. Antes de colocar personajes en situaciones donde las posibles consecuencias solo se elevan, es necesario poder sentir empatía por ellos. Stu (Nanjiani) es un frustrado empleado de una tienda por departamentos que vive enamorado de su mejor amiga, con quien alguna vez tuvo un encuentro amoroso. Vic (Bautista), es un detective impulsivo que no ha podido superar un evento traumático en el trabajo. Con sus metas individuales presentadas previo a la llegada del conflicto principal, la película ya disfruta de una ventaja sobre propuestas similares que desaprovecharon juntes igual de interesantes, entre ellas “Identity Thief” en el 2013  y “Snatched” en el 2017, para la cual Goldie Hawn salió del retiro. 

La acción de “Stuber” funciona porque invita a dos personajes con egos fracturados a reivindicarse en sus vidas privadas y como miembros de la sociedad. Para Vic, es una cuestión de justicia, mientras que para Stu, son medios para reparar su dignidad quebrantada. Con motivaciones para cada uno de ellos, cada pieza de acción en “Stuber” funciona como un obstáculo entre los protagonistas y su evolución. Esto también suma credibilidad a decisiones que habrían sido fáciles de cuestionar en otras circunstancias, como la elección de Stu de continuar asistiendo al detective sabiendo que su vida está en peligro. Sin embargo, uno de los mejores atributos de la película es como logra, de manera sutil, incluir un comentario sobre la fragilidad de la masculinidad y los medios que suelen emplear los hombres para esconderla.

Lo que no se puede esconder, ni tan siquiera con la excelente química entre los protagonistas, son las deficiencias de un guion que, fuera de la adición de una compañía moderna a su conflicto, no tiene muchas cosas nuevas para ofrecer. Aquí sufre particularmente la comedia, que depende completamente de sus protagonistas y su habilidad para improvisar. Naturalmente, unos chistes aterrizan bien, mientras que otros habrían necesitado un “aventón”.

Son los pequeños pero importantes detalles y la química entre los protagonistas lo que mantiene el filme a flote cuando la historia se pone finita, cuando los chistes no llegan o cuando el “product placement” se pone muy obvio. Afortunadamente, el viaje en este “Stuber” es uno mayormente placentero, lleno de humor y en ocasiones muy entretenido.