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El director de Zombieland se tira de pecho al mundo de las adaptaciones de cómics con VENOM, filme individual del popular villano de Spider-Man que acoge las sensibilidades del cine de cómics noventoso y se separa de las demás propuestas contemporáneas.

En el 2018, una película ha logrado colarse por una grieta en el “space and time continuum”, dejando atrás la década de los noventa, donde habría encajado a la perfección, y buscando un espacio en un mundo post MCU. La alegoría, digamos que por razones poéticas, también funciona para describir al antagonista principal de VENOM, un organismo extraterrestre o “symbiote” que llega a una tierra desconocida, muy lejos de su planeta, y poco a poco se va adaptando a nuevas costumbres y estilos de vida, y por supuesto, a un nuevo cuerpo o “host”. De la misma manera, la nueva propuesta comercial de Sony Pictures busca encajar en una década en que los superhéroes en el cine cada vez se aferran más a la realidad, dejando atrás los elementos fantásticos y livianos, explorando temas más complejos y atando a sus personajes lo mejor posible a una realidad actual. Se trata de una práctica en estilo que inició el director Christopher Nolan con su trilogía de Batman, adoptada más adelante por Zack Snyder y que los hermanos Russo han balanceado en sus propuestas dentro del Universo Cinematográfico de Marvel con mejores resultados.

Pero antes de Batman Begins (2005), e incluso antes de que Bryan Singer comenzara a alterar el panorama con X-Men (2000), existieron películas basadas en cómics que respondían a las exigencias de una audiencia que pocas veces veía a sus héroes favoritos en la pantalla grande. Esto, con excepción de Batman y Superman, dos de las figuras de cómics más recurrentes en el cine. Spawn, Blade y hasta Darkman podrían describirse como primos de VENOM, película que adopta cada uno de los clichés -para bien o para mal- de este cine noventoso, pero sobre todo liviano. No hay mucho que analizar en esta nueva propuesta que busca expandir el universo de personajes de Spider-Man en el cine, pero eso no es necesariamente una cualidad negativa.

La trama es simple, y sorprendentemente fiel a la fuente, una de esas cualidades que los fanáticos podrán apreciar desde el minuto uno. El periodista Eddie Brock (Tom Hardy en una de las actuaciones más polarizadoras del 2018) siempre se ha metido a donde nadie lo ha invitado. Es la naturaleza de su trabajo y ha sido la clave del éxito de su programa de televisión, dedicado a destapar “chanchullos” y exponer criminales disfrazados de humanistas y, en esencia, individuos en posiciones de poder con buenas intenciones. Aquí caería Carlton Drake (Riz Ahmed), líder del Life Foundation, organización responsable de extraer el “symbiote” de Venom con otros y traerlos a la Tierra. Brock, en su insaciable hambre de la verdad, hace contacto con el organismo que ahora lo controla, creando una dinámica similar a la de Dr. Jekyll and Mr. Hyde, pero mucho más juguetona. Los mejores momentos de la película llegan vía reacciones y comentarios del organismo, el cual entabla conversaciones con su huésped, quien pasa de ser un cuerpo desechable a parte esencial de este nuevo e imparable equipo de dos personas. Se trata de una joven relación que continúa despejando el camino para una película de Sinister Six. Con Vulture en Spider-Man: Homecoming y Mysterio en su secuela, se podría decir que la mitad del camino ya ha sido recorrido.

Aunque se tarda en llegar aquí, es en los intercambios entre Brock y Venom, especialmente en los forcejeos, que la película finalmente adopta un tono definitivo. Desde el humor hasta la actuación mayormente física de Hardy, la película comienza a sentirse, del segundo acto en adelante, como algo que Sam Raimi (Darkman, Evil Dead) habría hecho en los noventa. Hardy, al igual que el resto del elenco, lucen enteramente comprometidos a sus personajes, aún cuando el guión explora conceptos familiares para la audiencia e incluso reduce a Michelle Williams a un rol secundario con poco que hacer en la primera mitad de la película. Aún así, la cuatro veces nominada al Oscar acoge el rol con la misma seriedad con la que exploró roles en películas como Blue Valentine y Shutter Island.

Aunque en el tercer acto la película se vuelve un confuso despliegue de CGI, el camino hacia esta culminación es, al menos, uno interesante. Fanáticos de la marca saldrán complacidos con una versión de un icónico personaje que fue maltratado en la tercera y última de las películas de Spider-Man de Sam Raimi.

VENOM se exhibe actualmente en las salas de cine de Puerto Rico.

Critica de VENOM con Tom Hardy
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