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Alpha es una película que me hubiera encantado de niño. En aquellos tiempos devoraba todo filme, comic, o serie que tuviera que ver con lobos y perros sobreviviendo la naturaleza salvaje junto a sus compañeros humanos. Lassie, Benji, Rin Tin Tin, Bolillo, y Colmillo Blanco eran algunos de mis héroes favoritos; leales, valientes, decididos. Los amigos que no tenía en vida real los podía disfrutar en pantalla.

Quizás sea el cinismo que llega con la adultez. O sencillamente que ahora no tolero libretos vagos y predecibles, ni intentos obvios de manipulación emocional. O todas las anteriores. El punto es que Alpha es una producción cuya historia nunca alcanza la altura de su presentación visual. Por otro lado, esta película es hermosa, un espectáculo para disfrutarse en la pantalla más grande y clara posible, siempre y cuando no te moleste todo lo anterior.

Keda (Kodi Smit-McPhee) es un joven miembro de su tribu, hijo del jefe, Tau (Jóhannes Haukur Jóhannesson), en camino a su primera caza junto a los otros hombres hábiles. Es un importante rito de transición, cuando Keda tendrá que demostrar que algún día podrá tomar el liderazgo de su padre, y proveer para los suyos. Su madre, Rho (Natassia Malthe), sabe que la fortaleza de Keda está en su interior, pues “el lidera con el corazón” y no con la lanza, como insiste Tau.

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